Home » Artes Escénicas

Waiting for Godot

1 Junio 2009 3 Comentarios

El aliciente de ver a dos actores de la talla de Ian McKellen y Patrick Stewart compartiendo escenario me impulsó a comprar un par de entradas sin pensármelo dos veces. Además, tratándose de Waiting for Godot… ¿A quién no le suena Esperando a Godot?

waiting-for-godot-imageEn cualquier parte del mundo periódicamente se monta una nueva producción de la obra de Beckett sobre la cual en la escuela nos contaron que pertenecía al Teatro del absurdo, una útil etiqueta bajo la que agrupar disparidades y disparates sin tener que entrar en la ardua tarea de hacerlos entendedores. El otro temprano calificativo que le cayó es el de ser una obra “subversiva” respecto a lo que corría en escena en el West End de los años 50. Podemos, pues, echar mano del manoseado “los tiempos han cambiado”, puesto que el Royal Haymarket Theatre, erigido hacia 1720 a unos escasos cien metros de Piccadilly no es precisamente un cuchitril.

Su noble arquitectura acoge una producción, cuyas representaciones, tras la gran demanda, se han prorrogado hasta el 9 de agosto. Para los no muy asiduos- la que suscribe- el primer obstáculo a hacer frente para enjuiciar la producción es el carácter de clásico que ha adquirido Esperando a Godot en medio siglo, cosa que se constata leyendo cualquier crítica: “es una maravillosa doble interpretación, que combina la vieja dignidad de Alan Howard y Ben Kingsley de 10 años atrás, y la vulgaridad de Max Wall y Trevor Peacock, incluso más lejana”; escribe Michael Coveney en el Independent o Michael Billington en el Guardian : “el revival repleto de estrellas de Sean Mathias -el director- pierde la musicalidad elegíaca de la producción de Peter Hall del 2006”. (Queda claro asimismo que la obra no es desconocida para quienes frecuentan las salas londinenses).

godotEs difícil precisar si el público de aquella noche tenía el bagaje para hacer valoraciones similares, pe- ro de lo que no cabe duda es que quedó captivado desde el comienzo siguien- do los estrambóticos mo- vimientos de McKellen para descalzarse. Su interpretación del vagabundo Estragon o “Gogo” despierta una gran simpatía en el espectador hacia este personaje. En el caso del bien erguido Stewart hay instantes en los que no nos resulta tan fácil olvidar que no tenemos enfrente al capitán de Star Trek, sino Vladimir o “Didi”, el compañero de Gogo en esta espera eterna.

Ciertamente, McKellen resulta más convincente como mendigo que Stewart, pero en ningún momento da la sensación de que sus interpretaciones queden descompensadas o que se pierda la comunicación entre ambos. La excelencia del dúo se hace patente en la fluidez y la maestría con la que resuelven tanto los números que parecen salidos del teatro burlesco, como los diálogos. La candidez que desprenden atrapa de modo que no uno no pierde la concentración en el texto, que por otra parte no resulta ni tan chocante ni tan absurdo como debía parecerle al público de los años 50. La entrega de éste fue absoluta, los aplausos y las risas fueron constantes a lo largo de la obra; especialmente celebrada fue la escena en la que Didi y Gogo, con la gracia de Charlot, se intercambian repetidamente tres sombreros.

Este es el mayor inconveniente que la crítica británica, que coincide en líneas generales en concederle una buena nota, ha encontrado: es demasiado alegre. “Uno no deja el teatro aturdido por la soledad del hombre” suspira uno, pues quizás no se abandona la sala llorando; la producción de Mathias no pretende machacar al personal enfrentándolo de pleno a los personajes y sus penas. Más bien busca su complicidad- la intimidad que confiere el espacio de la sala, no muy grande si bien, ayuda a ello- para hacerlo más partícipe. Y así, de por veces la sonrisa que nos hacen brotar en los labios se tuerce un poco.

Elena Mataró

Entradas relacionadas

3 comentarios »

  • David D. Dominguez ha dicho:

    Aquí, servidor sigue pensando que vive usted en la capital del mundo, señorita Mataró. Yo, desde luego, voy al teatro y no veo a Xavier y a Magneto (pónganse en pie) haciendo de mendigos.

    Nota mental: Empezar la invasión por Londres. Primero, tomar Piccadilly. Luego, quemar Harrod’s. Ese sitio es la raíza del problema…

  • Pau ha dicho:

    Un momento!
    Paren las máquinas!
    Un maestro cómo Magneto, que nos enseño todo lo que sabemos sobre dominar el mundo… se ha convertido en un mendigo…
    La cosa está muy mala… pero que muy y muy mala…
    Suerte que EUL tiene agentes en todas partes.
    Señora Mataró, su misión será salvar a nuestro maestro de la pobreza y dejar de darnos tanta envidia, visitando el teatro Londinés.
    Por cierto… bienvenida al club de los dominadores del mundo!

  • Juniorn Galante ha dicho:

    Hola Elena!

    Bienvenida al club, ya falta menos…Es Una Locura se expande por el mundo como una mancha de aceite, como la gripe porcina pero mejor,mucho mejor!!!

Deja tu comentario

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Be nice. Keep it clean. Stay on topic. No spam.

Puedes usar las siguientes etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Este weblog permite el uso de gravatares. Para obtener un avatar, regístrate en Gravatar.