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Un momento feliz

7 Octubre 2009 Aún no hay Comentarios

La semana pasada se estrenó la temporada operística en Barcelona. Una temporada 2009-10 que alberga algunas sorpresas agradables. Es una Locura, estamos en todas las fiestas y entre todas ellas, ésta es sólo la primera.

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Parece Mozart, suena como Mozart y si uno le presta atención también “dice” como Mozart.  Pero no lo es. Es Martín i Soler, un valenciano que recogió la elegancia de Ausias March y la picardía  de Joanot Martorell y se puso a componer música.

De Valencia a Madrid y de Madrid a Nápoles, que es donde el autor valenciano encontró cobijo para su talento. Luego, cuando ya era conocido en toda Italia, dio el paso y se marchó a la capital de Austria, Viena, donde se granjeó el respeto de sus colegas de profesión, Mozart y Salieri, entre los más conocidos, amén de un viejo Gluck; y no sólo eso sino que además tuvo la oportunidad de trabajar con uno de los libretistas más famosos del repertorio operístico actual, Lorenzo da Ponte, responsable entre otras cosas de Don Giovanni, Le Nozze di Fígaro y la estratosférica y deliciosa Cossì Fan Tutte.

1787 fue el año de su estreno, y en el 1791 llegó a Barcelona para representarse por primera y última vez hasta el jueves pasado cuando el teatro barcelonés hizo justicia a este autor trayendo esta coproducción del Teatro Real junto con el Liceo de Barcelona.

L’ arbore di Diana suena como Mozart pero no es Mozart. No obstante, cumple con todos los requisitos  que se le demandaban a una obra para que fuera de éxito en cuanto a musicalidad, canto y contenido. El argumento de la ópera es el siguiente: Diana, diosa de la caza y la castidad está enfrentada con Amor, el cual decide poner en entredicho su poder pretendiendo que se enamore de un pastor. Una alegoría a favor del amor sensual y en contra del celibato que promovía por encima de todas las cosas, la iglesia.

A partir de aquí, las cosas se complican y como en las óperas bufas del maestro de salzburgo los embrollos hacen de l’arbore di diana, una auténtica comedia de enredos. La música es ligera pero a la vez delicada y seductora. Estructurada según los parámetros del neoclacisismo, Martín i Soler dispone de muchos artificios para un tipo de cantante versatil, con facilidad para el canto legato, que tenga coloratura y extension vocal. Se comenta que en la Viena de la época la gente cantaba sus tonadas por la calle hasta el punto que Mozart en su Don Giovanni, le hace una especie de homenaje cuando Leporello dice que va a cantar música de moda, y suenan unas notas de Una cosa rara, la ópera más famosa del compositor valenciano.

Con todo esto llega al Liceo con el montaje de Francisco Negrín que si bien no es en absoluto una propuesta ortodoxa, no interfiere en la narrativa de la obra y colabora en esa estética preciosista que irradia una partitura que el director de escena, Harry Bicket supo dirigir con precisión y fuerza. Los personajes de Diana, interpretados  por la soprano Norteamericana Laura Aikin, segura en su papel de diosa y radiante en la ejecucion de las arias más  dificiles y el personaje de Doristo, brillantemente interpretado por el barítono-bajo Marco Vinco, junto con el resto del elenco, se mezclan entre ellos para ponerse en situaciones tan comprometidas como divertidas y que, junto con la música,  nos han dado, sin duda, un momento feliz.

Junior Galante

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