Un Déu salvatge
El 13 de febrero se estrenó en el Teatre Goya de Barcelona este texto de Yazmina Reza, dirigido por Tamzin Townsend, e interpretado por Vicenta Ndongo, Roser Camí, Ramon Madaula y Jordi Boixaderas.
Un par de matrimonios discuten sobre la pelea que han protagonizado sus hijos, y que ha supuesto la desfiguración bucal de uno de ellos. Una premisa simple que sirve de excusa para analizar, en tono humorístico, las falsas relaciones sociales de la cultura occidental.
Estamos ante una puesta en escena efectiva y muy comercial, perfecta para asistir en grupo, e incluso en familia (padres, madres, abuelos y abuelas). Pues el humor directo, y a veces de sal gorda, cala en el público, sobre todo en el menos habitual de los espectáculos teatrales. Destacan muy positivamente los cuatro actores, que demuestran una complicidad inaudita, una frescura y una naturalidad sorprendentes. Especialmente si tenemos en cuenta que la dirección es un poco simple, de manera que, a mi parecer, le va a la contra al actor. Chistes apretados, situaciones cómicas alargadas, momentos demasiado infantiles, y actitudes estereotipadas. Cómo digo una propuesta un poco simple, pero sin duda efectiva.
La iluminación es tan sencilla que es perfecta. Un pequeño juego de luces mientras entra el público, y una luz general durante todo el espectáculo. La escenografía intenta seguir el mismo camino, pero si éxito. El minimalismo bello y muy bien acabado, pierde efectividad durante el transcurso de la obra. El espectador descubre muy pronto que en el escenario sólo hay los elementos que van a utilizarse en escena. Así que llega el momento que uno se pregunta. ¿Cuándo sonará el teléfono? ¿Cuándo abrirán ese libro? ¿Qué harán con ese jarrón de flores?
Pero el punto más débil del espectáculo es el texto. Un a comedia que intenta ser crítica, e incluso de denuncia, pero que se queda a medio camino. El espectáculo se centra en un humor sencillo, blanco y efectivo, pero en ningún caso crítico. No conduce al espectador a ningún sitio. Así que es normal que el público salga igual que ha entrado.
Eso si, si la gente se sumerge en el espectáculo va a disfr
utar de una buena interpretación y de una hora y media entretenida.
Pau Plana











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