Un ciudadano ejemplar
Vi esta película porque havia leído una reseña en un fanzine (lamento haberlo perdido y no poder citarlo) donde se decía que el motor inicial del film era el mismo que el de las películas de Charles Bronson de finales de los 70 y principios de los 80. Es decir, una gran injusticia transforma al protagonista, que a partir de ese momento es capaz de llegar a los límites más insospechados para cumplir su venganza, y lograr que se haga “justicia”. Pero a diferencia de aquellas cintas de hace 3 o 4 décadas, el protagonista no es un héroe sino un asesino sin piedad que no se detiene ante nadie para conseguir su “noble” objetivo. O sea Charles Bronson, perdón Gerard Butler, desatado y haciendo lo mejor que sabe hacer (matar), lo que no le convierte en un salvador sino más bien en un villano.
Fui al cine y me llevé unas cuantas sorpresas. Para empezar que la película no era de acción. No me malinterpreten, me gustan las películas de tiros cómo al que más, pero cuando uno descubre una historia tan emocionante cómo esta sin apenas tiroteos, persecuciones, ni combates callejeros, lo agradece.
Otra sorpresa fueron los protagonistas: Jaime Fox (a quien le havia retirado mi simpatía por culpa de la indigerible Corrupción en Miami) en esta ocasión recupera el oficio que nos hizo disfrutar de Collateral y Ray. Consigue crear un personaje duro pero humano, lleno de imperfecciones. Alguien con quien el público va simpatizando poco a poco. Pero el que se lleva la palma es Gerard Butler, que construye un personaje que crece a medida que avanza el metraje. Inicia un viaje hacia la oscuridad que no sorprende al espectador, pero sí que le arrastra y le engancha. Muy notables los cambios de registro que demuestra.
El guión es sencillo pero efectivo. Es verdad que tiene algunas imperfecciones, pero el tono y el enfoque lo enriquecen y lo hacen atractivo. Critica el sistema judicial, critica el héroe establecido, critica el ojo por ojo, critica la distinción entre buenos y malos. Pero lo mejor es la simpatía que despierta el villano, con quien el público comparte motivaciones, pero en ningún caso métodos.
En su contra hay que decir que algunos giros arguméntales chirrían un poco. Ahí queda el pasado del protagonista, las decisiones finales de los personajes, o el alcaide de la cárcel. Pero al mismo tiempo las sorpresas y cambios de rumbo capturan al espectador.
Grata sorpresa, sí señor.
Pau Plana










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