Synecdoche, New York (y II). Matriuskas, espejos y laberintos.
Vaya morro. Hace dos días, el tipo se pone a hacer un artículo sobre Synecdoche, New York se enrolla como una persiana hablando de Kaufman y no dice nada de la peli. Vaya mierda de weblog.

Bajo una premisa aparentemente sencilla -dramaturgo hipocondríaco recibe una muy bien dotada beca creativa, que le permite dedicarse a realizar su gran obra magna- Synecdoche, New York esconde un complejo -complejísimo, imposible- puzzle decadimensional repleto de trampas, artilugios narrativos, osmosis ficcionales y complejidades metalingüísticas. Un juego envenenado de maternales muñecas rusas que se reflejan en millares de espejos para construir así un laberinto narrativo del cual probablemente ni su autor conoce la salida. En otras palabras, pasada la hora de metraje, no se entiende una mierda.
A modo de ejemplo: la televisión en el film, sólo emite contenidos relacionados con las más diversas enfermedades donde el protagonista de la película aparece sistemáticamente; en un momento concreto del film, el protagonista debe ponerse gotas en los ojos para poder darle el tono emocional correcto a la película que vemos; pero, sobre todo, la obra magna que pretende hacer este autor teatral consiste en recrear la ciudad de NY con todos sus habitantes a escala 1:1, por supuesto, sobra decirles que dentro de esa recreación también habrá una copia del autor intentando hacer su magna obra, y por supuesto, una recreación de la obra dentro de la obra que a su vez… Creo que ya lo van entendiendo. O no.
En definitiva. Una película incomprensible que deja al espectador con la enervante sensación de que la historia que en realidad se cuenta se ha quedado fuera del film. El infinito juego de narraciones que esconden narraciones, todo el andamiaje de metástasis narrativas sólo lleva a una inevitable conclusión. La película que vemos es sólo una ficción más dentro de la inacabable cadena de ficciones. Nada es verdad. La historia que se nos narra es tan sólo una metáfora -mejor una sinécdoque- de una verdad que el autor, quizá por pudor, no se atreve a revelar.
Hemos pasado dos horas en un cine para solamente extraer la idea de que lo que hemos visto, tan sólo es un conjunto de marcas de absoluta ficción que no dejan de decirnos “La historia de verdad, amigo, vas a tener que imaginártela, porque esto es mentira y yo no te la pienso contar”. ¿Genialidad absoluta, onanismo ficcional o memez hipertrofiada? Yo sólo les puedo decir una cosa. Merece la pena verla.
David D. Domínguez.
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=XIizh6nYnTU&hl=es&fs=1]








bueno cuando la vea te digo pero desde luego el trailer no aclara nada…normal si es tan paranoia!
saludos
Eh Scarecrow,
Pues la verdad es que una paranoia de mil pares, pero la verdad es que es un rato entretenida.
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