Póngame una de Mozart
Estamos en la parte de la temporada liceística dedicada a Mozart. Esta vez en cartel, El rapto del Serrallo, una de las primeras óperas del músico austríaco.
Llegar con tiempo, atravesar el hall y acomodarte en tu asiento. Primero los músicos afinan, luego se apagan luces y después se hace el silencio. Empieza la magia.
Muchos tienen a la ópera por un espectáculo complejo y tienen razón, pero no es una disciplina inabordable. Cierto es que para acercarse a ella de una manera más o menos profunda hacen falta por los menos unos conocimientos mínimos, pero al igual que el teatro o el cine también se puede entender o disfrutar por si misma. Sólo hace falta saber que van a cantar todo el rato o que aunque hablen habrá música, elegir un tema apetecible, y un compositor acorde con los gustos musicales de uno. Si te gusta el heavy metal posiblemente disfrutarás más de un Wagner o de un Puccini que un popero, pero éste lo hará más escuchando un Mozart o un Rossini. Y para elegir repertorio tirar de tópicos: Aida, La Boheme, Carmen, La traviata, el Barbero de Sevilla, Don Giovanni. El éxito está garantizado.
Una vez decido qué, sólo tienes que ir y dejarte llevar. Mucha gente se endominga pero no hace falta, por mucho que la convención anticuada y estúpida lo diga. Lo único que tienes que llevar es tu sensibilidad. La historia de las disciplina demuestra que es la gente que acude la que establece la convención y que sólo depende de cada uno de nosotros hacer que sea cada vez un ambiente menos burgués y rígido, donde el disfrute del espectáculo no sea una suerte de pasarela o acto formal donde importa menos lo que hay sobre el escenario que los vestidos de turno.
Respecto a los temas, no es justo que se diga que son anacrónicos. Si bien la mayoría de óperas estan ambientadas en un pasado más o menos cercano, se pueden establecer analogías con los días presentes. Historias de amor siempre las ha habido y siempre las habrás pero es que hay más. Si vas a ver Andrea Chenier, de Giordano, encontrarás crítica social/histórica. Lo mismo si vas a ver Madame Butterfly de Puccini o Nabucco de Verdi. Si vas a ver el Don Carlo de Verdi, críticas a la iglesia o si asistes a una representacion de Pagliacci de Leoncavallo verás en que condiciones de miseria vivían las compañías itinerantes de artistas.
En fin que si aún no has ido, abandona los prejuicios y vete para allá. Seguro que te gusta. LLega un poco antes, acomódate en la silla, escucha como afinan los músicos, comprueba como bajan las luces, aplaude al director de orquesta y relájate…Empieza la magia.
Junior Galante.










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