Mort de Dama
Del 21 de Enero al 1 de Marzo se puede ver, en la sala pequeña del Teatre Nacional de Catalunya, la adaptación de esta novela de Llorenç Vilallonga, a cargo del tándem que forman Marc Rosich y Rafel Duran.
Las pocas novelas que me había leído de Llorenç Vilallonga, autor de lectura escolar obligada tanto en Cataluña como en las Baleares, me aburrieron mortalmente. Quizá por la obligatoriedad, no sé. Así que me presente en la Sala Pequeña del TNC con escepticismo. Eso sí, tenía todas las esperanzas en la adaptación de Rosich, al fin y al cabo todo lo que ha hecho hasta la fecha me ha gustado. No me equivoqué.
Se trata de un divertido texto que nos sitúa en Palma de Mallorca por allá los años 20. Obdúlia Montcada es una dama de origen noble que se muere lentamente. Sus parientes y amigos le acompañan en sus últimas horas, no tanto por respeto o amor, sino por interés. Sin duda la herencia será cuantiosa y todos ellos quieren una buena parte. Puede parecer una comedia convencional, lo que facilita su comprensión para todos los públicos, pero la verdad es que el texto esconde algo más. Una critica de la sociedad Mallorquina, que goza de un rico pasado, de una cultura elevada y de un territorio excepcional, pero que no duda en vender todo eso a los forasteros. Una critica a una sociedad que se mira demasiado al ombligo, alabándose a si misma, pero que al mismo tiempo no cuida su patrimonio. Es curioso como los personajes de hace casi un siglo ya vaticinan como seria la Isla en nuestros días: Turismo y grandes edificios. ¿Y qué queda de la cultura? Un folclore rico para atraer aún más turistas.
La puesta en escena es maravillosa, sólo al alcance del TNC, por la grandilocuencia, los 19 actores, y el montón de técnicos y maquinistas necesarios para la función. La dirección afronta un texto que nos lleva delante y atrás con Flashbacks y cambios de localizaciones con un juego muy eficaz. La interpretación brilla especialmente por la dicción del catalán de “ses illes”. Destaca una Mercè Arànega, en el papel protagonista, capaz de aguantar un montón de escenas tumbada en una cama sin que el espectáculo se resienta. Atención a su interpretación en la escena final del primer acto. Pero sobre todo quiero destacar el trabajo de Nies Jaume que, escondida detrás de una nariz postiza, interpreta a Aina Cohen, una poetisa incomprendida. Preparen los aplausos para sus dos monólogos.
Un gran espectáculo.
Pau Plana










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