Los sensuales…¡me aburro!
El otro día me dio por ir al teatro. El camarín de las musas es un lugar muy agradable donde ponen en escena…los sensuales.

Vaya por delante que la cosa tenía buena pinta y que a los puntos, me pareció una buena obra. La propuesta no podía ser mejor. Uno de los cinco hijos mata al padre a martillazos. La viuda del señor y sus hermanos, mellizos incenstuosos, para más inri, preparan la venganza. Espectacular. Entonces, así de repente, se largan a cantar pero mal. Me quería matar, no lo saben Uds bien…
Alejandro Tantatian es el padre de esta criatura cuya presentación es muy buena pero que se pierde en los meandros del culebrón. Una propuesta de lo más sabrosa: muerte-venganza-maldición, aderezada con incesto y parafilias diversas. Un auténtico descenso a los infiernos. Pero el texto peca de ser repetitivo, como si hubiera perdido el hilo que le llevara a la salida. Un texto barroco y enroscado cuyo final es demasiado abrupto y previsible. Tanta preversión no puede ser. Por cierto del martillo nunca más se supo…¿Aunque eso qué importa si van a acabar todos muertos?
Parte de la culpa la tiene el hecho de que son demasiados personajes sobre la tarima y que de todos se quiere decir algo importante. Los equívocos, las perversiones homosexuales, incestuosas, vista una vistas todas así que quizá hubiera podido ahorrarse algunos de los diversos triangulos amorosos que se desarrollan, recortar el texto y desbrozarlo para que fuera quizá un poco más diáfano y dejara lugar a un final un poco más trabajado. Acaso de los actores creo que no están bien elegidos pues si bien destacan todos por sus habilidades interpretativas, entre todos ellos el papel de Stella Galazzi, fuerte y pasional, ninguno de ellos parecía tener ningún conocimiento de lo que significa cantar, forzando a todos los actores a adentrarse en jardines que les provocaban “frío y miedo”. Semenjante sensación tuvo un servidor que durante muchos momentos de los más de dos horas de montaje se debatió con la mueca torcida, la risa ya apareciendo, ya apareciendo la ternura, ya la vergüenza ajena. Si se trataba de provocar sentimientos de ese tipo en el espectador la obra es genial, aunque mucho me temo que ese no era el caso. Seguramente, si hubieran suplido los números musicales por texto la obra no sería tan efectista pero sí más efectiva.
Una lástima porque los sensuales en su conjunto es una invitación al teatro poderosa y bien estructurada. Parece que Tantatian ha olvidado la experiencia que le supuso trabajar como director de escena en el Teatro Colón, pero no parece haberse olvidado de la experiencia teatral: escenas que se desarrollan en diversos planos, Una colocación perfecta de los actores, una administración exquisita de la musica, tocada a piano en directo para acompañar algunos momentos claves de la obra, y una iluminación que se convirtió en algunos momentos en uno más sobre el escenario.
La propuesta es arriegada e innovadora pero no se adecúa demasiado al tema ni a los actores. Eso es lo que se llama “morir de Pos-modernidad”: tantos ingredientes al final empachan. Uno se la banca la primera vez pero no da para repetir. Junior Galante.









no entendiste nada - comprate un libro de filosofia y otro de orticultura.
Deja tu comentario