La carretera de Cormac McCarthy
Antes de que nadie se anime a comentar la película, y después de casi un mes deaparecido del blog, me gustaría hablaros de La carretera de Cormac McCarthy.
No saber es terrorífico, ¿no creen? No saber qué pasa, cómo y por qué han cambiado las cosas, quién es quién en el mundo, adónde nos llevará el mañana, e incluso qué es el “mañana”. En La carretera, novela escrita en 2006 por el estadounidense Cormac McCarthy y ganadora de un premio Pulitzer al año siguiente, nadie sabe qué pasa, ni el lector, ni los protaginstas. ¿Lo sabrá el narrador? ¿Y el autor? Mis dudas tengo…
No saber qué espera tras de una puerta o qué pasará cuando se haga de día es uno de los elementos básicos de todo relato de terror. En el cine funciona fantásticamente, te pegas unos sustos de aúpa, saltas de la butaca y te tiras las palomitas encima. En la literatura en cambio no hay gritos, ni efectos especiales que te pongan la piel de gallina. Pero sí hay misterios, datos que no son revelados al lector, si no más bien escondidos, los mismos que te asustan y te animan a seguir leyendo. Podemos decir entonces que los sustos del cine son los misterios de la literatura.
El autor de No es país para jóvenes, coetáneo de Don DeLillo y Thomas Pinchon, recrea un mundo apocalíptico donde las tierras están yermas, la vida parece haber abandonado el planeta y la humanidad está rendida a la perdición. No crecen las plantas, no es potable el agua y la gente se alimenta de los restos del pasado. Bajo esta apabullante realidad, sus dos protagonistas, un padre y un hijo, vagan por las carreteras de América intentando sobrevivir al día a día con lo que encuentran. No se fían de nada, ni de nadie y la única que ley que vale es la del más fuerte.
El estilo de Cormac es ya un símbolo de su literatura, directo, sin miedos ni tapujos. En La carretera los hechos se narran mediante un estilo parecido al de un diario, pero en una tercera persona aséptica y desconcertante. A este efecto le hemos de sumar la evidente y premeditada falta de información, y es que a veces los silencios parecen más importantes que los hechos. Esa falta de información es un problema/preocupación que comparten lector y protagonistas, pues ni tú ni ellos sabéis qué pasa, ni quién es quién, por lo que simplemente sigues leyendo del mismo modo que ellos siguen la carretera, pasan frío y hambre, desconfían y enferman. ¡Un 10 al autor por conseguir que el lector sienta lo mismo que los protagonistas!
Siempre he dicho que los zombis son para el cine, me encantan La noche de los muertos vivientes, Zombis Party, Braindead o Zombi. En cambio, nunca he disfrutado con su literatura, los cómics de no-muertos me parecen sosos (a excepción de The Walking Dead de Robert Kirkman) y los videojuegos mata-zombis me aburren. Ya sé que La carretera no es un relato de zombis, en sus no más de 200 páginas no sale ni uno, pero la sensación parece la misma: impotencia, claustrofobia y desconcierto. Sí, es cierto, no hay zombis pero podría haberlos y en ese caso sería el primer libro de zombis que me gusta y asusta.
Zombis, destino, incertidumbre, estilo… solo espero que todos aquellos que ya han visto la película y me hablan mal de ella, se estén equivocando, hayan perdido la cabeza y sea tan buena como lo es para mí el libro.
Fran Mínguez –strikes back–








Yo sólo he visto la película pero me dejó tocada. La película consigue transmitir desesperación,frío,supervivencia pura y dura. Impresionante Viggo Mortensen (esa actuación sí que se merece un Óscar)y ese niño que sólo conoce esa vida sin esperanza. Tremenda, incómoda,impresionante. No recomiendo pedir palomitas si vais a verla. Saludillos.
hola Noelia, si te ha gustado la peli (yo todavía no la he visto) te recomiendo el libro. es sencillo de leer, cortito y te engancha de principio a final. Gracias por tu comentario.
pues suerte que era cortito zorro, porque el artículo mide siete metros!!!!! jajajajajajajaja
Con permiso copio y pego la reseña de la película que colgué en mi blog. Creo que contribuye al debate.
Bienvenidos al día del Apocalipsis en El Pequeño Misántropo. Si un poco más abajo hablábamos de The Walking Dead, un comic en el que un padre y un hijo luchan por sobrevivir y mantener la cordura en un mundo que se ha ido al garete, ahora repetimos con The Road, película de John Hillcoat protagonizada por Viggo Mortensen y basada en la novela homónima de Cormac McCarthy. Otra historia de padre con hijo en un mundo en el abismo, esta vez en condiciones aún más extremas. No sólo hay que luchar por la propia vida, es que ya no queda nada de lo que vivir, y los pocos supervivientes se encuentran envilecidos y reducidos al canibalismo. No esperen otro Mad Max. Si usted tiene hijos lo va a pasar fatal viendo esta película, porque ¿hay algo que quiera más? ¿Hay algo por lo que pase más miedo?
El planeta ha sufrido algún tipo de cataclismo y todo vestigio de vegetación y de vida animal han desaparecido. Grupos aislados de humanos supervivientes en un mundo hostil se están matando los unos a los otros por hambre, por miedo o por ignorancia. El cielo está perpetuamente gris, el sol ha desaparecido, reinan el frío, la lluvia, el hielo y las cenizas. La superficie terrestre parece emponzoñada, eternamente cubierta de cenizas, barro y veneno. Todo es ruina, destrucción y parajes desolados. La humanidad está destinada a desaparecer y las personas son tratadas como ganado. En este ambiente, un hombre cuyo único miedo es lo que le pueda pasar a su hijo, intenta sobrevivir y mantener cierta humanidad, aunque cada vez se vaya degradando más. La vida es sucia, es dura y es frágil. Y la soledad es constante porque vale más eludir el peligro que suponen otros supervivientes.
El niño no conoce la vida anterior, para él ese mundo es como debe ser y mantiene su inocencia siempre aferrado a su osito de peluche. Para su padre, un inmenso Viggo Mortensen que con su sola presencia, con su impresionante gesto, llena la pantalla, el único objetivo es aguantar durante el mayor tiempo posible en un mundo muerto. Pero como le dice su mujer en un flashback: “Yo no quiero sólo sobrevivir”. ¿Qué propósito tiene seguir adelante en un mundo condenado a muerte? The Road pone de manifiesto lo dañino que es el ser humano y la alimaña que habita dentro de cada uno de nosotros. Cuando no queda suficiente para todos, la única solución es el aislamiento y el egoismo. Por otra parte ¿qué opción queda? Marcharse cuanto antes con mayor o menor dignidad. La pregunta que queda es si merece la pena, si a eso se le puede llamar vida. Y la respuesta se da al final de la película.
Porque The Road, además de ser una llamada de atención sobre la fragilidad de la vida humana y de su dependencia del medio ambiente, a pesar de ser durísima, es una película fundamentada en la fuerza del amor. El padre sabe que el final es inevitable, pero intenta preparar al niño para que continúe sin él. No le queda esperanza para sí mismo, pero la tiene para su hijo. Y aunque se ha embrutecido por el miedo a lo que le pueda pasar al niño, es ese amor el que le hace seguir adelante. A pesar de su forzosa brutalidad, sí que ha sabido transmitir buenos valores. El niño quiere mantener dentro de sí la bondad, la confianza. Como si en definitiva, todavía hubiera fe en el ser humano. Y es ese amor que transmite a ese niño que no entiende nada de lo que está pasando, el que hace que una película que se ve todo el rato con terrible impotencia y angustioso mal sabor de boca, sea tan conmovedora.
Muy interesante. Nos encantaría contar con tu opinión sobre La carretera en este Club y que sugirieses un libro para la próxima lectura. Muchas gracias.
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