En llamas
La continuación de Los juegos del hambre, transmite un doble mensaje crudo: ni queremos ver el asco que da el mundo ni nos atrevemos a cambiar nuestras vidas sin propósito si no es por la urgencia de la propia supervivencia.

Para ser una obra dirigida a un público juvenil, está poblada de cadáveres. Ni zombies ni vampiros, o sea ni sangre fácil ni sensuales asesinos; ni siquiera son cadáveres todavía, son sucedáneos light por lo que saben que les queda de vida: nada.
En llamas no es más sangrienta que su predecesora pero es casi igual de impredecible, está muy por debajo en el inicio pero va ganando con la nueva edición de los siguientes juegos del hambre. Le costaría arrancar, pero Suzanne Collins ha sabido sacarse su trilogía sin problemas.
Está claro que incluso los luchadores y los sabios, aquí tributos profesionales, estarán moribundos en la arena de batalla. Son la prueba de que las causas humanas provocan consecuencias inhumanas; también se husmea una posible rebelión contra el sistema de Panem y su culto al Capitolio, que como todas las civilizaciones egoístas y merecen una multitud de penas y castigos. Basta una docena de asesinatos televisados para calmar sin subterfugios e infundir el terror en los rebeldes corazones de los ciudadanos.

Pero es amarse bien poco a sí mismo si no buscamos más allá, si no entramos en discusión para que la promesa se vuelva prueba, para que la trilogía se cierre. Y es que el relato cojea hasta que por fin los personajes adquieren un trasfondo. Sin posibilidad alguna contra el imperio, el desespero de los protagonistas les hace sangrar su alma, engañando más aún a sí mismos y a los suyos.
Y acabamos. Ojo con las licencias en las traducciones, que parece que en España no vamos tan mal con Catching fire/En llamas ya que Alemania nos supera esta vez con Hunger games/ Los tributos de Panem (“Mein Gott -Hail, Panem!”). Ya veremos con la última entrega Mockingjay para finales de este 2010. Esperemos que el desenlace cumpla lo que promete: un remate por todo lo alto, con levantamiento social incluido y la certidumbre de que esta vez la rebelión no será televisada.
M.A.D. Gregor Alvarado










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