Es siniestro pensar que el ser humano no es bueno por naturaleza, así que nos engañamos y queremos creer lo contrario. Pero en el fondo de cada uno de nosotros está el mal…solo hace falta tocar las teclas adecuadas para que aflore. Pero como diría Jules Winnfield ( Samuel L. Jackson) en Pulp Fiction, nos esforzamos por seguir el buen camino, y no meter la gamba. Bien, pues ese es el telón de fondo de Breaking Bad.

Walter H. White ( Bryan Cranston) es un profesor de química con un sueldo insuficiente, con un segundo trabajo, en un lavadero de coches, en el que se siente degradado, con un hijo con parálisis cerebral y con una mujer embarazada, de nuevo, de un hijo que no saben como sustentar. A pesar de todo mantiene la cordura y la educación de un ciudadano ejemplar que quiere afrontar estos retos vitales y ser respetado.

En este punto, entra la gota que colma el vaso… un cáncer pulmonar que está en fase terminal. Así que el protagonista decide coger la sartén por el mango y solucionar lo que para él es el más angustioso de los problemas, “¿Cómo va a mantenerse su familia cuando él no esté?”. Ante la falta de tiempo y con sus conocimientos químicos asume el reto de amasar una fortuna cocinando “cristal” con la dicha sartén, o mejor aún, con unos cuantos cazos y una caravana. Todo esto sazonado con un ex-alumno, al que debe asociase para distribuir la droga y con un elenco de personajes secundarios y episódicos a cual mejor (geniales, Saul Goodman y el tio de Tuco). Por cierto, falta la sal. Para el caso, está el cuñado que pertenece al departamento antidroga de la policía, que persigue incansable, y sin saberlo, a Walter.

Listo para servir….

Es fantástico ver como ese, ninguneado por todos, profesor de instituto va subiendo peldaños en todos los frentes ( ya sea el familiar, el laboral, el personal y en el del cártel de la droga), evoluciona y se va transformando al ritmo de personajes como Joel FleishmanoJohn Locke. Lento pero rápido.

La serie es buena. Uno se da cuenta en los momentos en que hay encrucijadas. Situaciones límite que obligan al protagonista a elegir entre lo bueno y lo malo…y elige lo malo…y nosotros queremos que elija lo malo… y así vuelta de tuerca tras vuelta de tuerca. Bien, ahí piensas…malditos…

Tras esta reflexión también encontramos el magnífico trabajo del actor que encarna semejante caramelo. Bryan Cranston lleva tres años recogiendo premios, entre los cuales cabe destacar los tres Emmy’s correspondientes a las tres últimas ediciones del certamen. Ciertamente merecidos. El equilibrio que consigue entre la contención, casi enfermiza, y la evolución auto obligada de Walter, hace que uno pulse el pause para levantarse a tirar confeti y decir “Bravo” ( de hecho no digo eso, digo “que cabrón”, pero no voy a decir que digo eso ). Quien diría, valga la redundancia, que es la misma persona que encarnaba el personaje de jefe loco del despacho de arquitectos en el que trabajaba Ted Mosbyen “Como conocí a vuestra madre”.

En definitiva, otra joya salida de las mentes de esos guionistas que han hecho que solo ponga en marcha la televisión para que me guste.